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El Paraíso en la Tierra

ProDaVinci, Armando Rojas Guardia: el laicismo de Jesús de Nazareth

The New York Review of Books, John Gray: ¿Marx, anticomunista?

En ProDaVinci, el poeta Armando Rojas Guardia afirma llevar “semanas sintiendo una profunda nostalgia” por el pensamiento ilustrado y la modernidad en Venezuela. La deificación que de Hugo Chávez ha tenido lugar desde el Poder en este país, contravendría una “conquista indispensable de la modernidad”: la total laicidad de los asuntos públicos. Pero no solo eso. La frase de Jesús de Nazareth: “Anden y aprendan lo que significa: quiero misericordia y no sacrificio” (Mt 9,13-12,7) habría sido una crítica demoledora contra la religión, que es culto y sacrificio, “para privilegiar, como alternativa antropológica, la solidaridad, la compasión y la fraternidad  humana”. Por lo tanto, a Dios no se llega por vía de lo sagrado, cuyo ámbito es el templo, sino por la profana vía “de la relación con el prójimo”: el proyecto de Jesús habría sido, contra lo que se supone corrientemente, profundamente secular y laico. Nuestra laicidad republicana sería en sí misma “uno de los pivotes de lo que el cristianismo proyecta para nosotros como antropología”, y el usufructo de la simbólica cristiana para crear el nuevo culto, atenta contra ella. La identificación de Chávez y Cristo, propiciada por el propio Chávez, es una idolatría. El fracaso de la Cruz contradice la imagen heroica de Jesús: no fue épico, y está envuelto en “los signos de un profundo espanto”, el del humano horror a la muerte. Nada menos cristiano que un caudillo: esto se expresa en la tercera tentación resistida por Jesús, que fue la del poder, “pero con esta característica crucial: la tentación del poder para hacer el bien”. Quienes pretenden construir la “civitas Dei” sobre la Tierra, pronto confunden el fin con los medios. De ahí que Rojas Guardia cite a Georg Steiner: “El Reino de Dios debe ser comprendido como el Reino del Hombre: esta es la teología de las utopías totalitarias”.

En The New York Review of Books, John Gray comenta el libro de Jonathan Sperber, Karl Marx, a Nineteenth-Century Life, y considera lograda la intención de presentar a Marx como un pensador de su tiempo. Las posiciones de Marx raras veces estaban determinadas por supuestos relativos al comunismo o al capitalismo, y con frecuencia respondieron a las contingencias de su época. “Fueron las animosidades y pasiones del siglo XIX, más que las colisiones ideológicas que nos son familiares de la Guerra Fría, las que dieron forma a la vida política de Marx”, escribe Gray. En ocasiones, tales contingencias lo llevaron a “extremos bizarros”. Abogó por la represión armada de un alzamiento de obreros comunistas, pues estas ideas podrían “derrotar nuestra inteligencia y conquistar nuestros sentimientos”. Apenas cinco años después lanzó el Manifiesto Comunista. Seis meses más tarde, declaró como un sinsentido la dictadura de una sola clase social (en un discurso que sucesivos editores marxistas rehusaron considerar como auténtico). Lo mismo dijo de la Comuna de París. “Marx, el anticomunista, es una figura poco familiar; pero sin duda hubo ocasiones en las que compartió la perspectiva de los liberales de su época y después, según la cual el comunismo…sería perjudicial para el progreso humano”.  Las ideas de Marx no habrían formado un sistema unificado. La explicación estaría parte en su accidentada vida, parte en el eclecticismo de sus fuentes. Notable fue la convivencia de su formación hegeliana con su adhesión -tomada del positivismo- por la ciencia. De ambos tomó la idea de que la historia “progresa” hacia estadios superiores. Y a pesar de su admiración por Darwin, no fue capaz de aceptar que la evolución carece de propósito (“como hiciera notar Darwin una vez” –escribe Gray-: “juzgadas desde su situación, las abejas son una mejora sobre los seres humanos”).                                                                                             A diferencia de muchos contemporáneos y sucesores, Marx entendió la tendencia inherente del capitalismo a revolucionar la sociedad.  Según Gray, ni la responsabilidad de sus ideas en los desastres del comunismo, como tampoco la noción de que entendiera como nadie aspectos importantes del capitalismo, puede ser despachada tan fácilmente como quisiera Sperber. Los abogados conservadores de la libertad de mercado creen falsamente que el liberalismo puede confinarse a la economía. Marx demostró que esto es falso. Pero no puede pretenderse que su pensamiento señale un camino de los predicamentos actuales. “En su distancia de cualquier condición existente o realistamente imaginable de la sociedad, “la idea comunista” resucitada por pensadores como Alain Badiou o Slavoj Zizek, se encuentra a la par con las fantasías de mercado revividas por la derecha”, escribe Gray. Estas teorías neo-Marxianas y neoliberales sólo sirven para ilustrar la pervivencia de ideas que prometen soluciones mágicas a conflictos humanos. La tumba de Marx reposa en Londres frente a la de Herbert Spencer, positivista defensor del laissez-faire (inventó la frase: “supervivencia del más apto”). “A pesar de todas sus diferencias intelectuales”, sostiene Sperber, “una yuxtaposición no del todo inapropiada”.

Del confusionismo al totalitarismo celestial

Emeequis, Ewald Scharfenberg: Chávez, el caudillo como inconsciente colectivo

Il Fatto Quotidiano, Massimo Cavallini: la momia que necesitaba la izquierda

Colectivo Wu Ming: el M5S y Beppe Grillo: peligroso populismo de derechas

En la revista Emeequis, Ewald Scharfenberg se pregunta si Hugo Chávez representó más bien el final de una era (o un salto hacia atrás) que el inicio de otra nueva. “Como una estrella que justo antes de morir alcanza su máximo resplandor, el bicentenario de la vida republicana de Venezuela produjo como recordatorio al megacaudillo”, escribe del hombre que habría exacerbado los rasgos más profundos del inconsciente colectivo venezolano, cual “sembrador de cizaña”, que utiliza las diferencias en provecho propio. Para quienes no entienden el poder de Chávez sobre las masas, Scharfenberg recuerda que C.G. Jung hizo notar “que quien no fuera alemán, encontraría ridículos los ademanes histriónicos de Hitler y sus consignas vindicatorias”. Thomas Mann también se sorprendió de que personalidades carismáticas “geniales” como Hitler, en apariencia ineptas, con “una herramienta toscamente histérica propia de comediante”, lleguen a transformar la “enfermedad anímica de una nación en vehículo de su grandeza”. El gris teniente coronel Hugo Chávez habría sentido la clarinada de la Historia en 1992, lanzándose a un golpe de Estado cruento. Fracasó, pero dio inició a su apoteosis.

Y el lugar de su fracaso, un antiguo cuartel de Caracas, sería propuesto como mausoleo para su cadáver embalsamado. Massimo Cavallini, veterano periodista del diario de izquierdas L’Unitá, fundado por Antonio Gramsci, tan citado por Chávez, expresa su malestar con el espectáculo de los fastos mortuorios, y escribe para Il Fatto Quotidiano, cuando propusieron la momificación y todavía no habían dado marcha atrás con la idea: “Y bien, sí, lo hicieron. Y lo hicieron, inevitablemente, con toda la macabra, ampulosa solemnidad que las circunstancias reclamaban”. Chávez sería presentado, igual que Cristo, como mártir y redentor. Lo de mártir, apunta Cavallini, es por la conspiración imperialista que -se asegura- estaría tras su enfermedad. Y al igual que en cualquier Fe, o se es parte del culto, sin reservas, o traidor a la Patria. Los custodios del legado de Chávez se aventuran a profundidades sólo holladas por la Corea de Kim Il Sung y sus herederos. El espectáculo, confiesa, le ha dejado sin palabras. “Otra momia más”, sostiene. “Justo lo que estaba necesitando la izquierda internacional”.

Podría decirse que Chávez sí representó el final de una era: destruyó la democracia liberal. Con el culto a su personalidad, construido anteriormente, pero inaugurado pomposamente con su muerte, deja al país listo para la nueva era: la dictadura totalitaria que teme Cavallini. Ese es su legado.

El colectivo literario Wu Ming explica en su blog (escrito en italiano, inglés y español), por qué el M5S del comediante Beppe Grillo es un peligroso populismo de derechas. En el extranjero mucha gente cree que el M5S agrupa grupos progresistas y radicales que protestan contra las políticas de austeridad. Varios serían, sin embargo, los puntos que según Wu Ming que hablan de otra cosa. En primer lugar, el movimiento ha establecido “el marco conceptual más poderoso en la Italia de hoy” con la idea de una “Casta” de políticos enfrentados al pueblo honesto: “deshagámonos de los políticos y todo estará en orden”. Pero la “Casta” son también los empleados públicos: con ellos hay que acabar también y echarlos a todos. Además, habría que eliminar a los sindicatos. La culpa de todo sería del capital internacional y del Euro, y esta afirmación estaría acompañada frecuentemente con frases antisemitas. El M5S tiene influencias del populismo conservador europeo, y del “anarco-capitalismo” de Ayn Rand y Ron Paul. Su estrategia es el “confusionismo”. “Grillo grita repetidamente”, sostienen, “que ya no hay Izquierda  ni Derecha”, disfrazando contenidos de derechas con jerga izquierdista. El ejemplo más claro sería el de “democracia directa”. En realidad, llevaría al Führerprinzip y al asesinato moral de la disidencia. El M5S es descrito con frecuencia como un culto, y comprado con la Cienciología. No pocos neofascistas y antiguos militantes de la Lega Nord se han sumado al movimiento. Los izquierdistas que le apoyan, aprueban el culto a la personalidad de Beppe Grillo como un mal necesario a ser desbancado una vez tomado el poder: “en la historia de los movimientos comunistas todo culto a la personalidad ha sido invariablemente descrito como “transicional””. Y así la izquierda termina del lado opuesto del espectro. “¿Cuándo sucedió esto por última vez?”, se preguntan los Wu Ming: “En los años veinte”. Con el auge del fascismo. Sin embargo, sería muy simplista calificar al M5S como fascista. El vídeo “Gaia”, pergeñado por el socio de Grillo, Gianroberto Casaleggio, merece un vistazo. “Creepy”, es el adjetivo que le endosa Wu Ming.

Divididos

Página 12, Luis Bruschtein: la izquierda teórica y las irrupciones populares.

Página 12, Santiago O’Donnell: el gobierno venezolano impone un modelo cesarista.

ProDaVinci, Gisela Kozak: la pobreza como justificación

El Díscolo, Hugo Prieto: el informe Hospedales, diagnóstico de país.

Algo se mueve en Página 12. Luis Bruschtein lamenta que para “amplios sectores de la izquierda y el progresismo” Hugo Chávez haya sido una figura problemática, al punto de negarle el apoyo, o hacerlo tardíamente. Antes que participar en lo que llama “el proceso de democratización e inclusión más fenomenal de la historia venezolana”, habrían preferido convertirse en el ala izquierda de la derecha, pero de la peor de todas las derechas porque estaría manejada desde Miami. Para la socialdemocracia, Chávez fue un populista y un autoritario, pero el progresismo debería entender y abrazar las “irrupciones” populares y no cerrarse a ellas porque no coincidan con sus teorías. El argumento asemeja al de los desesperados intelectuales de izquierda argentinos de los 70, ante la incomprensión en el extranjero por su filiación peronista. En cambio, Santiago O’Donnell sostiene que en relación a la enfermedad y muerte de Chávez se ha ocultado la verdad, e irrespetado a sus seguidores. El presidente venezolano estaba demasiado enfermo para gobernar, y “cuando un gobierno oculta información básica, si somos honestos, creo, vamos a sospechar”. O´Donnell lanza una retahíla de problemas muy graves: patotas armadas, amistad con dictadores, corrupción, delincuencia, enfrentamiento con ONGs de derechos humanos, una Corte Suprema de mayoría automática…El colmo habría sido, sin embargo, cuando el vicepresidente encargado Nicolás Maduro sostuvo que el líder bolivariano fue “inoculado” con cáncer…apenas un par de horas antes de anunciar su muerte. “¿No es jugar con los sentimientos de la gente?”, pregunta, para afirmar: “el gobierno venezolano está manipulando la Carta Magna chavista para afianzar el liderazgo de Maduro en defensa del modelo carismático cesarista plebiscitario que moldeó el comandante”.

En Prodavinci, Gisela Kozak relata que sus colegas extranjeros le informan que Chávez era necesario para acabar con las élites corruptas y la miseria. Los horrores del comunismo, amparado en sus nobles ideales, “siempre se justifican frente a los del supremacismo racial nazi: en nombre de los pobres, todo pecado es venial”. Ahora “la izquierda autoritaria mundial” se legitima con un gobierno electo. El teórico argentino Ernesto Laclau, habría proclamado que la oposición debe plegarse a las reglas del juego propiciadas por el líder. Pero en Venezuela, “la identidad patria es chavista”, los opositores serían el no-pueblo. “¿Se puede ser oposición legítima, desde el punto de vista de la supremacía moral que exhibe el chavismo,  para un gobierno que llama al cuarenta y cinco por ciento de la población “apátridas”, pitiyanquis”, “vasallos del imperio”, “racistas”, “ladrones”, “golpistas”, “hijos de extranjeros”, “enemigos del pueblo” y que calificó al candidato Henrique Capriles Radonski de judío-maricón-cerdo-majunche?”, pregunta Kozak. La herencia es “una población divida por el odio y la intolerancia”. Kozak no lo articula, pero está describiendo el ambiente que reinó…bajo el nazismo, con la demonización de los judíos, pero sin políticas de exterminio y en tiempos de corrección política. “En nombre de los pobres, que viva Chávez”, escribe, la emoción que causa taparía sus mentiras e ineficacias. Y al final, a pesar del nacionalismo extremo, el gobierno revolucionario dependería como ninguno anterior de EEUU y del petróleo que le vende.

En su blog El Díscolo, Hugo Prieto da cuenta del llamado informe Hospedales elaborado por la oposición venezolana. Lo considera una sincera comprensión de la realidad, una herramienta para superar la división de los venezolanos. Dicha división, según Prieto, ya existía antes de la aparición de Chávez, e insistir en que éste la ha profundizado sería “un premio de consolación para mentes estrechas y líderes sin carácter”. El informe destacaría que el chavismo, siendo un híbrido de elementos liberales y totalitarios, constituye un régimen estable que se organiza paraconstitucionalmente para retener el poder. En estos años ha logrado generar una cultura política y una identidad de venezolanidad, y a través del mecanismo electoral se puede consolidar como mayoría. Es un aparato corporativo y una red social que la oposición necesita conocer y comprender. Para Prieto, el informe es un primer paso de diagnóstico, acertado. Falta ver qué se hace ahora.

Sobrevenido, de facto

Foro por la Vida: el Estado tiene que respetar la Constitución

ProdaVinci: José Ignacio Hernández: Implicaciones legales de la no juramentación de Chávez.

Semana. María Jimena Duzán: la agonía del Comandante. Fanny Kertzman: ¿Quiénes son los boliburgueses?

El gobierno venezolano contra la televisora Globovisión

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez se encuentra hospitalizado desde hace un mes en Cuba. Por lo pronto, no está en capacidad ni siquiera de probar que está vivo: desde entonces faltan testimonios en imagen o sonido de él. Jamás el gobierno ha presentado un diagnóstico de la enfermedad del mandatario. Ayer debió juramentarse para el período al que fue reelegido, pero no pudo asistir. Una serie de eventos hace suponer algo absurdo: que el Estado venezolano se ha colocado al margen de la ley. No sería la primera vez, como sugiere este paper, comentado antes en este blog.

El Foro por la Vida, que agrupa a las distintas organizaciones de derechos humanos del país, exhorta en un comunicado al Estado a respetar la Constitución, reconocer la falta temporal del presidente Chávez, y designar como Presidente encargado al Presidente de la Asamblea Nacional, el también chavista Diosdado Cabello, así como a informar cabalmente del estado de salud de Chávez. En forma breve y clara expone las razones.

En ProdaVinci, el constitucionalista José Ignacio Hernández repasa lo que sucedió ayer 10 de enero el aspecto legal. La mayoría oficialista se negó a juramentar al nuevo presidente, el cual no pudo asistir por estar enfermo, o algo peor, pero argumenta que hay continuidad administrativa por tratarse de un presidente reelecto, por lo cual el vicepresidente Nicolás Maduro puede seguir fungiendo como encargado en lugar de su copartidario Diosdado Cabello. Todo lo cual fue avalado por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo. Hernández demuestra por qué esto es imposible. Como detalle: la Sala Constitucional dictaminó ayer en contra de su propia jurisprudencia, dictada en 2004: “el ejercicio de cargos de elección popular requiere ciertamente de una juramentación, momento a partir del cual se inicia el período. Por ello, los artículos 230 y 231 de la Constitución no requieren aclaración alguna, pues sus textos son explícitos. La duración del mandato es de seis años y la toma de posesión, mediante juramento, el 10 de enero del primer año del período constitucional.” Sin embargo, no habría un golpe de estado, sino funcionarios en ejercicio de hecho. La lectura es laboriosa, pero vale la pena.

¿Por qué, si la oposición sólo exige se encarge provisionalente de la Presidencia de la República el presidente de la Asamblea, partidario a su vez de Chávez, hasta que éste pueda regresar, el chavismo se enreda en una aventura al margen de la ley? El artículo de María Jimena Duzán, en Semana, pudiera explicarlo en parte. Duzán estuvo en Caracas a inicios de la enfermadad del presidente, pudo constatar las a ratos delirantes teorías opositoras, y obtuvo de una fuente chavista la apreciación de que Chávez se lanzaría como candidato a un nuevo período, pero que no podría ejercer. En ese caso habría que poner a Nicolás Maduro como vicepresidente para que lo sustituya. La razón: Diosdado Cabello, el otro posible sucesor, tendría una extendida fama de corrupto, y sería „el auriga“ de los „boliburgueses“, la casta de nuevos ricos que medra del Estado.

De ser cierto, en la misma revista, Fanny Kertzman nos explica quiénes serían los boliburgueses y las dimensiones que alcanzaría todo. En la era de Chávez, junto con la reducción de la pobreza, la corrupción habría alcanzado niveles nunca vistos. El gobierno estaría penetrado por organizaciones criminales. Sorprendentemente, se olvida de que las siglas de la policía política no siguen siendo DISIP, sino SEBIN (comete el error dos veces).

El gobierno venezolano abrió una investigación (minutos después de una declaración en este sentido de Diosdado Cabello) contra la televisora Globovisión por unos micros que ha venido transmitiendo. Aquí se pueden ver (subidos ayer).

El Ministro de Comunicación de Chávez, Ernesto Villegas, sostiene: “Globovisión difundió el artículo 231 de forma parcial. No lo citaron completo” (cita tomada de El Mundo Economía y Negocios). Si se contrastan los micros del link anterior con los artículos involucrados (aquí, directo) se puede aventurar la hipótesis de que Villegas miente (que no es lo mismo que estar equivocado).

Cuando falla la prensa (quedan los blogs)

No sólo con la palabra, John Manuel Silva: cuestionar a la mayoría.  Tracción de sangre, José Roberto Duque: Revolución Comunal  Venezuelan Politics and Human Rights: La cámara del eco

En su blog No Sólo con la Palabra, John Manuel Silva reivindica su derecho a cuestionar a quienes votan por el gobierno. La polarización en Venezuela se debería a un proyecto que pretende “pulverizar” a sus opositores. Esto implica no reconocerles, por lo que a su vez, estos encuentran “imposible convivir con quienes los gobiernan”. Los amigos chavistas serían capaces de visitarlo y hasta cuidarlo en el hospital si la Guardia Nacional lo reprimiera, pero incapaces de exigir que no lo repriman.  El chavismo es una mayoría que no cree en el derecho ajeno, que en lo personal quiere a sus amigos opositores, pero que no está dispuesta a abogar por sus derechos. “La paz”, sostiene Silva, “no viene de abogar por mis amigos, sino de hacerlo por mis enemigos, por quien desprecio, por quien me repugna”. El dato del texto se debe a Caracas Chronicles.

Para José Roberto Duque, en Tracción de Sangre, es falso que sólo  habrá revolución mientras el chavismo gane elecciones, y opone a la euforia electoral el trabajo cotidiano. Chávez es un aliado, pero la lucha estaría en las bases, especialmente en la creación del Estado Comunal. Esto tomará decenios, según Duque, con aciertos y errores. Una revolución no es un acto de gobierno, y no se puede por lo tanto pretender que sean los jerarcas quienes la hagan. Tampoco implica acabar con la oposición, porque un hipotético país donde todos sean chavistas se anquilosaría inmediatamente. Supone incluso que la oposición ganará algún día y entonces prevé represión y persecuciones, porque toda revolución es por definición “ilegal”, pero no por eso se detendrá. Tomado del blogroll de Mi Jaragual

En Venezuelan Politics and Human Rights, David Smilde encuentra dos elementos en el corazón del fenómeno de la polarización. El primero, una dualidad amigo-enemigo que penetra a extremos únicos la esfera pública. Enumera varios artículos tomados de El Universal como demostración de la “ensordecedora” exageración de una victoria inevitable de Capriles. Sin negar el carácter también falsificador de los medios públicos, los medios privados habrían contribuido grandemente al autoengaño opositor. El otro efecto, muy relacionado, sería el de la “cámara de eco”. La gente sólo se reúne con quienes tienen la misma opinión y se produce un “aislamiento de relaciones” que se manifiesta en ambos bandos. En Venezuela incluso las encuestas son polarizadas, con diferencias entre sí de hasta 30 puntos. Como ejemplo de estos dos efectos coloca a la encuestadora Consultores 21, que dio ganador a Capriles, y cuyos números insuflaban ánimo a la oposición, ignorándose datos como el sesgo de 20 puntos en el referéndum del 2004, y de diez en el de 2009. Una gráfica con el crecimiento de la oposición a lo largo de los procesos electorales ha debido ser leída con variables que la contradicen: incremento de la aprobación del Presidente, incremento de ingresos.

Una clara muestra de cuando la prensa falla, sea oficial o privada.

Elecciones en el cuartel

El Nacional, Colette Capriles: en Venezuela triunfó el conformismo conservador.                                                                                                               ProDavinci, Ana Teresa Torres: la fuerza de la tristeza                                    Clarín, Jorge Lanata: Venezuela es un cuartel                                                                   El País, Jorge Castañeda: la oposición atrapada                                                              Le Monde Diplomatique edición Cono Sur, José Natanson: la reelección, canto de sirena.

Hugo Chávez, inventor de la reelección perpetua, ha sido elegido por cuarta vez presidente en Venezuela para lo que será un total de veinte años por lo pronto. En El Nacional, Colette Capriles encuentra en su triunfo un escándalo: la impostura del carácter democrático y de izquierdas de su gobierno, y la pérdida de la república como “motivo de regocijo internacional”. La oposición, una “enorme minoría” congregada tras el candidato Henrique Capriles, que apostó por la unidad, la modernidad y el cambio, quedó sepultada bajo la hegemonía de una mayoría circunstancial y conservadora. Triunfaron la denigración del otro y el conformismo conservador. Pero cada quien es responsable por sus decisiones.

En ProdaVinci Ana Teresa Torres sostiene que la oposición había desterrado la duda en su campaña, minimizando al adversario y menospreciando a sus seguidores. Habría insistido “en verlo derrotado por nuestros propios deseos”. Torres reivindica la necesidad de la tristeza, o la depresión, y llama a no negar esos sentimientos: la fuerza de la resistencia estaría precisamente en que exige el estado de desoladora espera que toca a los derrotados (ya catorce años en su caso). No hay consuelo para muchos de ellos. Por lo mismo, la tentación de saltarse el obligado duelo es grande: “Duelos congelados por negados, esos sí que tardan en pasar. Una buena manera de saltarse el duelo es la del que dice, yo no he perdido, es que me robaron. O la de, yo más nunca voto, eso no sirve para nada”. Para dar una idea de la pérdida sufrida, Torres recuerda que “Freud definía la melancolía como la reacción ante la pérdida de un ser querido o su abstracción equivalente, y entre esas abstracciones equivalentes precisamente mencionaba la patria y la libertad”.

En Clarín, Jorge Lanata hace una crónica del día de las elecciones. Es predecible (vivió bajo la dictadura militar argentina) la incomodidad que le produce el toque de diana chavista a las 3am para despertar a los votantes: Venezuela es un gran cuartel. Una gran grieta lo divide; la división sería no sólo política sino cultural, y perdurará como sucedió en Argentina con el peronismo. Cuando el mayor diario titula: “El voto es secreto”, algo debe estar muy mal.

Jorge Castañeda resalta en El País que durante la campaña el Estado en su totalidad apoyó a un candidato: Chávez. El mismo arbitro electoral habría instrumentado una buena dosis de miedo a los votantes, sugiriendo que el voto pudiera no ser secreto. La oposición tuvo que lidiar con la naturaleza inimaginable de una derrota chavista: nadie podía concebir que el caudillo perdiera, o aceptara su derrota. “No tuvieron más remedio, la oposición y Capriles, que contender y poner la mejor cara ante una situación prácticamente imposible. Abstenerse, como en el pasado, implicaba condenarse a la marginación y a la impotencia; participar denunciando la inequidad de las reglas y de los recursos equivalía a un suicidio electoral: ahuyentar a los partidarios y contender en las condiciones existentes garantizaba la derrota. No había buenas salidas; la menos mala fue la elegida por la oposición”.

En Le Monde Diplomatique edición Cono Sur, el editorial de su director José Natanson se inscribe en el debate sobre la reforma constitucional de Argentina. Estudia las virtudes y defectos de los sistemas parlamentarios o presidencialistas para América Latina, y encuentra que el presidencialismo se ha revelado como sorprendentemente flexible al momento de superar crisis institucionales. En cuanto a la reelección presidencial, destaca que “Venezuela es hoy el único país latinoamericano que –a excepción de Cuba– no contempla límites institucionales al ejercicio permanente de poder”. A quienes –como Ernesto Laclau- defienden la reelección indefinida como ejercicio pleno de la soberanía popular, Natanson enfrenta el argumento de que el poder del pueblo no puede ser absoluto (el pueblo no puede torturar a los presos, por ejemplo), y por lo tanto necesita contrapesos: “En otras palabras, la democracia supone tanto la elección libre de un gobierno como la limitación del poder de ese gobierno”, escribe. “El debilitamiento de los límites al poder –entre los cuales el que fija un plazo determinado para su ejercicio quizás sea el más crucial– puede atenuar o incluso poner en riesgo el componente republicano de la democracia”. A diferencia de la “democracia plena”, en la que todos los partidos pueden perder las elecciones, sería lo que Andreas Schedler llama “autoritarismo electoral”, en el que siempre pierden los partidos de oposición.

Vuelta al futuro

The New York Times Magazine: The Inspiration Issue. La Jetée, obra seminal; el cine, máquina del tiempo. Looper de Rian Johnson. Los trabajos de Junot Díaz.                                                                                                                            Fernando Mires: Capriles está a la izquierda; Chávez, a la derecha.

En The Inspiration Issue de The New York Times Magazine, A.O. Scott hace notar que el cortometraje La Jetée, del recientemente fallecido Chris Marker, ha inspirado más películas –el remake Twelve Monkeys, Back to the Future, por nombrar un par- que cualquier comic o libro fantástico. La razón: su argumento circular es un viaje en el tiempo: “Según las leyes de la física, y los principios de la filosofía, el viaje en el tiempo es imposible. Marker demostró, con sus sugestivas imágenes y su lacónica narración en off, que para las películas es irresistible, incluso esencial”. El mejor homenaje que se le ha hecho en estos dos meses.

Adam Sternbergh explora las fuentes de Looper, de Rian Johnson: en el año 2044, un asesino a sueldo recibe sus encargos desde el tiempo futuro, hasta que un día tiene que eliminarse a sí mismo. Un viaje en el tiempo en el que encuentra a La Jetée, por supuesto: “no estaba en mi mente”, le dijo Johnson, quien evitó buscar referencias de viajes en el tiempo, “pero estaba”. El catálogo prosigue con un autor muy estimado por Marker, T.S.Elliot, Macbeth (según Johnson es un viaje en el tiempo, porque las brujas, al predecir a Macbeth lo que sucederá, hacen que suceda. Si es así, muchas tragedias son máquinas del tiempo). La pregunta esencial, e imposible sería: “¿Si pudieras viajar al pasado, regresarías para asesinar a alguien como Hitler?” Pero para Johnson la verdadera cuestión es: “¿sirve de algo solucionar el problema encontrando al culpable y matándolo? ¿No se crea así más bien una espiral de violencia que se perpetúa a sí misma?”

Sam Anderson habla del “lento metabolismo” creativo de Junot Díaz: su libro de historias cortas This Is How You Lose Her es el primero en cinco años, y apenas el tercero de su carrera. Es, según Anderson, excelente. Díaz sostiene que su crítico interior es excesivamente severo, lo cual “es un defecto de carácter”. Pero es un gran lector: “mi único superpoder. Leo un libro por semana”. Habla abiertamente de las historias que fracasaron: una en la que demoró seis meses, otra en la que demoró un año y cien páginas, otra más, de cincuenta páginas que acabaron en el cesto. De las historias que llegaron al libro dice que Miss Lora fue fácil. Y The Cheaters Guide to Love casi lo mata.

En su blog, Fernando Mires ve a Venezuela ante un nuevo comienzo con las próximas elecciones del 7 de octubre. Según él, el candidato opositor Henrique Capriles ha logrado conjugar en su discurso la dimensión de la lucha por las libertades democráticas y la dimensión de la lucha por la justicia social. En su forma de ser “descriptiva”, sería el suyo el verdadero discurso político; el del presidente Hugo Chávez, sería antipolítico. Los temas de Capriles, según Mires, son tradicionalmente patrimonio de las izquierdas socialistas: el progreso, la sociedad multicolor, la modernización económica. Los temas de Chávez son patrimonio de las más rancias derechas del continente: las glorias militares, el nacionalismo, discusiones racistas sobre el rostro de Bolívar. Una vuelta al pasado. Se entiende entonces que el actual presidente haya dicho en la actual campaña que quien no es chavista no es venezolano. La respuesta de Capriles pudiera ser una posibilidad de futuro: no es el presidente quien decide quiénes son los venezolanos; son los venezolanos quienes deciden quién es el presidente.

Predicamentos electorales

Reforma: Jorge Volpi: el voto escéptico                                                                          Tal Cual: Ibsen Martínez: O Nigeria, o Cuba

En Reforma, Jorge Volpi argumenta su decisión de voto diciendo primero que jamás fue para él tan frustrante. Del candidato del PRI, Peña Nieto, dice que no sabe nada de él, a pesar de su sobreexposición. Ni una idea propia, ni un rasgo de carácter: un espectro. Josefina Vasquez Mota, la candidata del PAN, le parece una persona seria y decidida, pero no ha sido capaz de distanciarse de la política de su partido que llevó a lso 60 mil muertos de la guerra contra el narco. Andrés Manuel López Obrador no es el inspirado Jefe de Gobierno del D.F. en 2000, ni tampoco el candidato perdedor del 2006. En aquella elección, “haber “mandado al diablo” a las instituciones y asumirse como presidente legítimo constituyó…una enorme irresponsabilidad política”, según Volpi. Su intransigencia le hace desconfiar. Sólo votará por él debido a la inclusión en el gabinete de Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del DF, y Juan Ramón de la Fuente, ex rector de la UNAM, y porque representa un posible desarrollo de una alternativa socialdemócrata.

En Tal Cual (acceso limitado), Ibsen Martínez describe la “regla del pulgar” de Graham Greene, que orienta a los observadores extranjeros en las tierras irredentas: si el tirano de turno es un gritón carismático, dice estar con los pobres y contra los yanquis, y se proclama de izquierda, es automáticamente el bueno de la película. Así tratarían al Hugo Chávez de Venezuela. El otro candidato, Henrique Capriles, sería sólo “el otro tipo”. El petroestado venezolano no es más que una versión de la antigua corona española y su potestad sobre las riquezas del subsuelo, que produce el “ogro filantrópico” de Paz, con súbditos clientelares y no ciudadanos. Bajo Chávez, se ha acercado a…Nigeria, según leyó Martínez en The Economist: “Así que ya estamos en Nigeria, amigos; al borde de ser un estado fallido, aunque concebiblemente rescatable. ¿Daremos un paso al frente para caer en la pesadilla que es Cuba?  ¿Seremos un estado fallido y, además, irreversiblemente totalitario?                                       Votaré por el otro tipo. Llevaré dos más a votar por él. ¿Y usted?”

¿Quién quiere presidentes?

La Vie des Idées: abolir la elección presidencial universal y directa                         Der Spiegel: abolir la Presidencia de la República.                                                        The Atlantic: James Fallows sobre el primer período de Obama.                                   El Boomeran(g): Jorge Volpi y el otoño de Chávez

La Vie des Idées tiene también su versión en inglés: Books and Ideas. Arnaud Le Pillouer aboga en una entrevista por la abolición de la elección presidencial. El video es la versión muy resumida del artículo que Le Pillouer y Pierre Brunet entregaran en 2011 (aquí en francés, y aquí en inglés). En Francia, la revolución suplantó al monarca absoluto por una asamblea despótica. La Tercera República reemplazó al emperador por un parlamento con autoridad absoluta. Hoy, la situación se revierte: el parlamento omnipotente de la Cuarta República ha sido desplazado por el presidente de la Quinta. El problema básico sería su elección por sufragio directo universal. Dicha elección socava la credibilidad en las instituciones. No es democrática, pues al centrarse en una persona, el pueblo no elige las políticas que desea, todo lo contrario de lo que sucede en las elecciones parlamentarias, que giran alrededor de partidos con programas. Desestabiliza las instituciones, pues la legitimidad “nacional” que deriva el presidente se contrapone a la “local” de los diputados, por lo que él sería el único “representante” de la Nación; como tal concentra excesivos poderes y tanto el legislativo como la misma judicatura se le subordinarían de facto. Proponen adoptar un sistema parlamentario.

Algo como en Alemania. Sólo que aquí el cargo de presidente es más bien protocolar. Con la renuncia de Christian Wulff, tras el escándalo por haber usado en su provecho posiciones de poder, ya hay quienes proponen abolirlo. En Der Spiegel (aquí en alemán; aquí en inglés), es lo que plantea el periodista René Pfister, en un artículo de corte polémico, más que académico. El cargo de Presidente Federal habría tenido la función de satisfacer el deseo general de una “razón” suprapartidaria y neutral. Sin embargo, se ha revelado superfluo, sin contenido. La contradicción inherente a esta figura habría sido descrita por el ex presidente Roman Herzog: “Puesto que yo, como Presidente, casi no me encuentro autorizado a decidir nada, ni siquiera es posible que se me responsabilice si alguien pone en práctica con fuerza de ley proposiciones mías. Por otra parte siempre puedo, cuando no se hace lo que yo propongo, señalar que hubiera sido mejor si se me hubiese escuchado”.

En The Atlantic, James Fallows explora la interrogante de si Barack Obama será considerado en el futuro un maestro del ajedrez político o sólo un peón a merced de fuerzas superiores. Fallows, quien fuera parte del equipo de Jimmy Carter y conoce como el que más el funcionamiento de Washington DC, logra recoger abundantes impresiones sobre Obama, y establece comparaciones con presidentes anteriores, siempre acompañadas de ejemplos, explicando cómo evolucionaron hacia lo que hoy se piensa de ellos. El Presidente está en el centro de un sistema que lo trata como un emperador-dios. Pero ninguno es apto para sus funciones, porque las habilidades necesarias, innatas o adquiridas, son demasiadas. Ni siquiera Franklin Delano Roosevelt era FDR al principio. Sin embargo, todos evolucionan durante su mandato. Obama no tenía experiencia ejecutiva, y su desempeño como senador fue de apenas un año, con lo que ni siquiera tuvo tiempo de crear una red de colaboradores. Se le critica su distancia emocional de todo salvo un puñado de antiguos consejeros y amigos confiables. Pero Fallows plantea que Truman estaba menos preparado aún que Obama para los desafíos que le tocó enfrentar. Un asesor le habría confiado que en el sistema bipartidista americano, el “presidente debe ante todo aceptar la fatalidad de que la cooperación es inalcanzable” y que debe prepararse para la obstrucción y el bloqueo en el Congreso. Fallows cree, a pesar de todo, que hay una buena probabilidad de que Obama, de ser reelecto, acabe siendo el presidente que esperaban quienes votaron por él.

Aunque ya tiene más de 60 mil “likes” en Facebook, igual es pertinente mencionar el escrito de Jorge Volpi en El Boomeran(g). En el cumpleaños de García Márquez, recurre a la analogía con El Otoño del Patriarca, novela de dictadores, para imaginar al presidente de Venezuela en su hospital de Cuba, con un cáncer que es un secreto militar, sólo, sintiéndose prisionero, temiendo que no haya nadie que continúe su obra revolucionaria, temiendo más a los suyos que a sus enemigos. Aspiró a suceder a Fidel Castro como el maestro del tablero. Pero barrunta acaso no ser más que un peón.   Piensa (aún) que la historia lo absolverá.

El asesinato como método

El País: la cantante checa Marta Kubisova y la Carta 77.

Cambio 16: Videla defiende la dictadura militar y su costo en vidas.

El Nacional: Venezuela, ¿revolución?: espejismo rentista.

Jorge Rafael Videla, ex dictador argentino, concedió una entrevista a Cambio 16, en la que justifica la intervención de los militares con el estado de caos y anarquía en la Argentina de Perón y su esposa, María Estela, y con el peligro de que los “revolucionarios” y “terroristas” tomaran las instituciones. Ya desde Perón se habría recurrido a la violencia para enfrentar la situación, e Ítalo Luder les habría dado a los militares licencia para matar, lo cual casi hacía innecesario el golpe de Estado de 1976, que fue aclamado por toda la sociedad, incluido el Partido Radical. La Iglesia y los empresarios cooperaron, y el Proceso habría alcanzado sus objetivos en 1978. Pero habría sido víctima de una campaña de desprestigio. Dice que no hubo los 30 mil muertos que reclaman las Madres de Plaza de Mayo, sino 7 mil, por ser este el número de personas que se han presentado a reclamar indemnización del Estado. El gobierno de los Kirchner sólo reconoce las víctimas de los militares, pero no las de los guerrilleros; no habría justicia sino venganza.

En Siete Días, de El Nacional, Ezio Serrano sostiene que los venezolanos eligieron presidente a un militar que está ahora en guerra con la sociedad. La conexión mágica de Chávez con el pueblo forma parte del espejismo que genera el petróleo. Es el ideario rentista, que produce absurdos como que las protestas populares no van contra el rey, sino las malas políticas: no se toca al proveedor. Todavía no se entiende el origen de la crisis: Venezuela entró hace 30 años en una crisis económica, y por lo tanto el rentismo entró en crisis, y de ahí, la política. Al creer que la crisis es política, no podemos entender su origen. El rentismo chavista es personalista; el anterior a él, era institucional. El país ha perdido tres décadas; bajo el esquema rentista, la democracia no es posible.

En su blog de El Pais, Diego Manrique relata la historia de la cantante checa Marta Kubisova, tomada del libro Gottland del periodista polaco Mariusz Szczygiel. Kubisova pasó de ser una estrella del sistema al ostracismo. Apoyo a la primavera de Praga, como testimonia su título Tajga Blues, sobre la deportación a Siberia del puñado de moscovitas que protestó en la Plaza Roja contra la invasión a Checoslovaquia. Posteriormente, firmó la Carta 77, motivada por la represión sobre la banda psicodélica The Plastic People of the Universe. El servicio secreto armó un montaje haciéndola figurar en una falsa revista porno danesa, para desprestigiarla. La cantante se presenta el día 24 de febrero en el Divadloungelt de Praga.