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Traidores y héroes, mártires y espías

The New York Review of Books: Contra Hitler desde la inteligencia militar. Letras Libres: la historia no contada de Roque Dalton.

La Alemania nazi estableció bajo una pátina de legalidad un sistema que apuntó a exterminar cualquier disidencia, utilizando el aparato estatal y público. En tales condiciones hegemónicas, la resistencia fue rara, según escriben Elisabeth Sifton y Fritz Stern en The New York Review of Books.  Pero el abogado Hans von Dohnanyi y su cuñado, el pastor protestante Dietrich Bonhöffer, lograron conspirar desde dentro de la contrainteligencia militar alemana, la llamada Abwehr. Dohnanyi entró en 1929 al Ministerio de Justicia; conoció desde el inicio los crímenes nazis y recopiló secretamente pruebas, guardándolas en una base militar en Zossen. Se acercó a los oficiales de la Wehrmacht que quisieron derrocar a Hitler para evitar la guerra en Checoslovaquia, pero el appeasement franco-británico entregó al país en 1938. Bonhoeffer mantuvo una notoria postura crítica frente al régimen y su intento de crear una iglesia protestante limpia de “elementos judíos”. Su mentor en EEUU, el teólogo e intelectual Reinhold Niebuhr, le ofreció refugio, pero regresó a Alemania: tenía que buscar la derrota de su país para salvar la civilización cristiana. Ambos lograron entrar a la Abwehr, librándose de la conscripción. La conspiración se intensificó con la invasión a la URSS en 1941 (“inicio de una barbarie organizada como Europa no había nunca visto”, escriben los autores) y la conferencia de Wannsee que lanzó la “solución final de la cuestión judía”. Dohnanyi y Bonhöffer lograron sacar a catorce alemanes judíos hacia Suiza, como agentes de la Abwehr. En 1943 fueron hechos presos, pero sus carceleros no lograron sacarles nada. Sin embargo, la Gestapo encontró los papeles de Zossen. Hitler, iracundo y al borde de la derrota ordenó su liquidación. Dohnanyi, enfermo y drogado, fue colgado en Sachsenhausen. Bonhoeffer, en el campo de Flossenbürg, con las tropas americanas respirándole en la nuca a los alemanes. Ambos sucumbieron al último espasmo asesino del régimen. Sesenta y siete años después, la hija de Niebuhr, Elisabeth Sifton, les rinde el homenaje de este artículo, por haber –como dijera Dohnanyi- tomado “el camino inevitable de toda persona decente”.

Charles Lane entrega un reportaje en Letras Libres sobre el caso del poeta salvadoreño Roque Dalton, fusilado por sus compañeros de armas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en 1975, tras un “juicio popular”. La acusación de que el poeta era un agente de la CIA se revela como falsa; documentos desclasificados registran que si bien fue presionado en 1964, siendo miembro del Partido Comunista de El Salvador, “el retrato de Dalton que de ahí surge no es ni traicionero ni heroico…no cedió al chantaje de la CIA, pero su comportamiento durante el interrogatorio no fue tan audaz como él mismo sugeriría más tarde”. Dalton sí habría sido agente, pero de la Dirección General de Inteligencia de Cuba, con el alias de “Juan Montenegro”. Un desertor lo describe como inteligente, pero dado a la bebida y a las mujeres. Los cubanos habrían instado al líder del ERP, Alejandro Rivas Mina, a aceptar a Dalton como asesor político; dado el carácter indisciplinado del poeta esto habría equivalido a buscar deliberadamente un enfrentamiento. “Para principios de la década de 1970, Dalton sabía más sobre el funcionamiento interno del Estado cubano que una década atrás, y su afición por la bebida y las mujeres había empeorado mucho”, sostiene Lane, y aventura: “De una u otra forma, por el riesgo que representaba, Roque Dalton estaba destinado a ser anulado. Y, el 10 de mayo de 1975, lo fue”.

El atajo de la palabra

Neue Zürcher Zeitung: Hitler, de la palabra a la acción                                      The Daily Beast: Borges, el inmortal                                                                            CBS, 60 Minutes: la memoria infinita

Marcel Reich-Ranicki, sobreviviente del gueto de Varsovia que se convertiría luego en el oráculo de la literatura en la lengua de sus victimarios, le llamó “el más grande orador en lengua alemana”; Thomas Mann le atestó una “elocuencia indeciblemente inferior pero efectiva para las masas”. Ambos son citados por Jörg Fisch en el ensayo para la Neue Zürcher Zeitung, en el que destaca la particularidad histórica de Adolf Hitler: a diferencia de otros criminales conquistadores (César, Napoleón, Lenin, Tamerlán, Gengis Khan) lo distingue, más que el uso de la violencia, su fracaso en alcanzar el poder por medio de la fuerza. Al caer preso luego del putsch de Munich se dio cuenta que su única arma era su facilidad para hablarle a las masas. Aunque no era bueno escribiendo, su éxito se debió a su talento demagógico, eficaz gracias a su histrionismo y el dispositivo escénico que desplegaba. En lugar de los actos irrumpió la palabra, que es la que hizo posibles los actos. Esto significó, en relación a sus predecesores, a los cuales superó en fuerza destructora, un cambio esencial de la fuerza bruta a la agitación política. El poder que alcanzó de esta forma se reveló como más resistente que el basado en la pura violencia. Pero sólo podía hacerlo en el ámbito de su lengua; la dominación del mundo vendría por la fuerza. Tomando el atajo de la palabra, el fracasado hombre de acción logró convertirse en victimario.

The Daily Beast presenta un extracto del ensayo sobre Jorge Luis Borges y su cuento Funes el Memorioso, del escritor bosnio Alexandar Hemon, que aparecerá en el libro de The Paris Review: Object Lessons: The Paris Review Presents the Art of the Short Story, a partir del 02 de octubre. El volumen contiene veinte ensayos de veinte escritores sobre otros escritores. Para Hemon, la obra de Borges pertenece a una tradición de literaturas cósmicas: la Biblia, la Iliada, la Divina Comedia, Ulysses. Común a todas sería la certeza de que todo el universo puede ser contenido en la palabra. Sería totalmente imposible conceptualizar la existencia humana sin la literatura. Funes, el memorioso, que recuerda en detalle cada día de su vida, se encuentra por lo mismo incapacitado de pensar y comunicar. Borges sugeriría que el olvido es imprescindible para que pueda existir el pensamiento y el lenguaje: “la necesidad esencial de olvidar bloquea la posibilidad misma de contenerlo todo, pero sin el olvido tal ambición no sería posible en absoluto”, sostiene Hemon.

Una visión más prosaica del tema la presentó hace dos años el programa  60 Minutes de CBS, realizado por Lesley Stahl: Endless Memory. Aquí ya no se trata de ficción literaria, sino de seis personas en los EEUU que pueden recordar perfectamente cada día de sus vidas. No necesitan del olvido para poder pensar, pero el sentimiento de soledad no les es ajeno; en el reportaje se revela de forma sorprendente cuando todos se conocen por primera vez, y es como si lo hubieran hecho durante años. Entre las cosas que descubren los científicos al estudiarlos, está la tendencia al Desorden Obsesivo-Compulsivo, algo que tal vez tengan también los bibliotecarios. Pero acaso lo más insólito sea que la propia periodista Lesley Stahl no haya encontrado al principio nada de extraordinario en este don; su amiga Marilu Henner, actriz de la serie Taxi de los años 80, con Danny De Vito y Judd Hirsch también lo posee, y por ello le pareció algo perfectamente natural.