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Virtuosos de lo hipotético

Jot Down, Juan Claudio de Ramón: Mario Bunge: la confusión humanista.

The Stone, Christy Wampole: el ensayismo universal.

En Montréal, el filósofo argentino Mario Bunge (94), en entrevista con Juan Claudio de Ramón para Jot Down, sostiene con firmeza que las ciencias sociales están atrasadas. Ya nadie hace sociología matemática, los psicólogos no elaboran teorías, ni mucho menos teorías matemáticas, pero la matemática permite introducir claridad y unificar ideas que aparentan estar sueltas. Por ejemplo, el psicólogo Daniel Kahneman, quien ganó un premio Nobel de economía, demostró “que la mayor parte de nosotros somos reciprocadores. No todos, pero las dos terceras partes”, lo cual echaría por tierra los supuestos de la microeconomía neoclásica, que asumen al hombre –sin preocuparse de una demostración empírica- como un ser racional y egoísta. Para Bunge, “la microeconomía neoclásica es una estafa”, al igual que la parapsicología, el marxismo, el existencialismo, la fenomenología y “los posmodernos en general”. Además del psicoanálisis, que “subsiste solamente en los márgenes, por ejemplo en París, en Barcelona y en Buenos Aires”. Hay mucha confusión en las humanidades, los expertos en Kant no saben lo que significa, porque no entienden de dónde viene ni hacia dónde va. Ayn Rand proclamó la charlatanería de que lo importante es la libertad, cuando “lo importante es la libertad, la igualdad y la solidaridad. Los tres ideales son alcanzables solo a la vez”. Es raro encontrar a alguien que en el mismo texto se oponga a Heidegger, a Marx y a Popper, y además argumente que Milton Friedman entiende por ciencia…precisamente lo contrario.

En The Stone Christy Wampole sostiene que el género del ensayo “y su espíritu proporcionan una alternativa al pensamiento dogmático que domina buena parte de la vida social y política” en EEUU, y llama incluso a la “ensayificación de todo” en la vida. Creado por Montaigne en el siglo XVI, el género, “emergido para satisfacer las necesidades expresivas del hombre del Renacimiento, necesariamente se reserva para su disposición todas las herramientas y habilidades. El ensayista samplea más que un D.J.”. Su potencial estalla cuando permea a otros ámbitos: novela, cine, fotografía. En “El hombre sin atributos”, Robert Musil llamó a esta filtración “ensayismo” y a quienes viven según ella (en la contingencia, haciendo intentos, sin concretar, por el mero placer del esbozo), “hombres de posibilidades”, que serían, según Wampole, “virtuosos de lo hipotético”. La tendencia contemporánea al ensayismo, en la que lo banal se codea con lo trascendental, expresa una actitud “culinaria” ante la vida: se hacen degustaciones, un poco de esto, algo de lo otro…Fenomenólogos.

Diarios rusos, patrias mortales

Kharms LRB

Daniil Khrams. Foto: http://www.lrb.co.uk/v30/n09/tony-wood/art-is-a-cupboard. En un artículo de Tony Wood sobre Kharms. Encontrado gracias al blog ClickOpera

The Paris Review, Seamus Heaney: la poesía es lo opuesto al debate

The Paris Review, Sophie Pinkham: diario de una eslavista

The London Review of Books, Peter Pomerantsev: Rusia, un simulacro

The Paris Review subió online todas sus entrevistas, desde los años cincuenta, y las recuerda una a una vía Twitter (@parisreview). Seamus Heaney revela (estamos en 1997) que su idea de la existencia siempre incluyó tener un trabajo fijo. Por lo tanto, “el más inesperado y milagroso evento en mi vida fue la llegada de la poesía a ella, como una vocación o una elevación, casi”.  Al arriesgarse más tarde al trabajo freelance, con una familia a cuestas, produce el poemario North, fumando en cadena en el ático, contra plazos de entrega: “la ansiedad está ahí, creo, en la misma constricción de las cuartetas del poema”. Luego, con Field Work, sostiene, “deliberadamente empecé poemas que eran más articulados métrica y sintácticamente. Sonetos. Pentámetros en rima. Cosas con cierto vuelo. Algo de canción”. Una “poesía mozartiana” tendría en sí la usual vida, más una extraordinaria aceleración formal. Como Hero and Leander de Marlowe, con el envión provocado por “la manera en que se regocija con sus propios recursos en tanto que invención”, y la “música que se dispara a sí misma, glamorosa, deliciosa y consciente de sí”. Lo contrario es el “empantanamiento” al lleva el debate: no cambia nada. La poesía en cambio es como el episodio de Jesús escribiendo en la arena, cambia el tema y abre perspectivas, como un baile mágico. Cuando regresó de Harvard a Irlanda, en 1994, se produjo el cese de fuego del IRA, en Agosto. “Eso fue una genuina visitación”, recuerda, “la alondra cantaba y la luz ascendía”. Pero en lugar de deleitarse con el giro e los acontecimientos, Heaney se descubrió cada vez más amargado “por el desperdicio de vidas y amistades y posibilidades en los años precedentes. Era 1994 y no habíamos avanzado, políticamente, más de lo alcanzado en 1974. En efecto, retrocedimos”.

La declaración final de Nadezdha Tolokonnikova, del colectivo punk-rock Pussy Riot, en el juicio que la condenó junto a dos activistas más, cierra con esta cita del poeta vanguardista Alexander Vvedensky, fallecido en 1941 : “Sucede que dos ritmos vienen a tu cabeza, uno bueno y otro malo, y yo escojo el malo. Ese será el correcto”.  Tolokonnikova concluye: “Se cree que los disidentes de OBERIU están muertos, pero siguen vivos. Los persiguen, pero no mueren”. El link es de Sophie Pinkham, en su diario de la semana como eslavista en Nueva York: encantador, superficial, lleno de espíritu. Frases improbables en serbo-croata lo inician, junto a una discusión sobre el grupo vanguardista Oberiu (“la Asociación para el Verdadero Arte”), fundado en 1928 en Leningrado por Daniil Kharms y Alexander Vvedensky, y disuelto dos años después por las autoridades. Según Vvedensky, “mi impresión básica es la de la desconexión del mundo y el desmembramiento del tiempo”. En el panel, el traductor Eugene Ostashevsky sostiene que para Oberiu la finalidad del arte era “la incomprensión activa de la realidad”. Matvei Yankelevich, otro traductor, dice que Oberiu es “trágico e inagotablemente hilarante”. Peter Scotto, editor, aventura que traducir es como un aterrizaje forzoso: la cuestión es qué tan grande será el daño, y si habrá sobrevivientes. El periplo de Pinkham también la lleva a una lectura de Vsevolod Nekrasov, poeta moscovita, de seco humor, que a diferencia de Vvedensky y Kharms logró sobrevivir, hasta 1987: “Socialismo o muerte. Para qué escoger, si puedes tener ambos”. O: “causa de la muerte/haber vivido//causa inmediata/de la muerte//vivir en Moscú”. Kirill Medvedev, joven poeta socialista y underground, goza momentáneamente de cierta atención y presentó un concierto en BookCourt, Brooklyn: folk-rock socialista ruso. Y Mikhail Shishkin “de quien se dice es el mayor novelista viviente de Rusia”, dictó un seminario sobre…él mismo. Adhiere a la idea muy rusa del escritor profeta y mártir, que “tiene una misión divina”, según Pinkham, “y no ha de detenerse hasta cumplirla. O morir en agonía. Lo que venga primero”.

En The London Review of Books, Peter Pomerantsev anota en una entrada de diario las muertes de “dos hombres que definieron la Rusia post-soviética…ambas repentinas y lejos del hogar”.  Vladislav Mamyshev murió de un infarto en una piscina en Bali, a los 43 años. Conocido como Vladik Monroe, fue un pionero del performance en Rusia, “donde los roles y arquetipos antiguos desaparecieron”, y el cambio de ideologías progresa histéricamente de “comunismo a perestroika a liberalismo a nacionalismo a estado mafioso a dictadura postmoderna”, un travestismo que puso de moda la palabra “performance”. Mamyshev personificó a Marilyn Monroe, a distintos artistas pop rusos, a “Hitler y Gorbachov (disfrazado de mujer India); apareció en fiestas como Yeltsin, Tutankamón, o Karl Lagerfeld”.  Declaró a una revista que cuando personificó a Putin se sintió como una totémica larva de mosca, “a punto de explotar en mierda”, devoradora de carroña: “Putin va a devorar nuestro país”, sostuvo. Cuando la política misma lo superó perdió actualidad.                           Boris Berezovsky aparentemente murió al colgarse en la mansión de su ex esposa en Inglaterra. El profesor de matemáticas “había sido el oligarca original, el “Padrino del Kremlin” que decía poder hacer o quebrar presidentes, quien puso a Putin en el trono” y terminó conspirando en el exilio en Londres. “Con Berezovski, la verdad siempre fue indistinguible de la ficción”, sostiene Pomerantsev. En Moscú la gente se preguntaba si su muerte era una nueva farsa. Pero al parecer entendió que nada cambiaría jamás en Rusia y que el putinismo duraría por siempre.  Rodeado de chicas hermosas, guardaespaldas israelíes y asesores sesudos, Berezosvski era parte de la “charada” política rusa más que su opuesto. Sostuvo que su éxito se debía a su “inteligencia superior”. Pero sus amigos sostienen que no sabía cuánto dinero tenía, y fracasó estruendosamente como hombre de negocios en Occidente. Entendió de primero la importancia de la televisión en política y la usó para fabricar victorias electorales de Yeltsin y Putin. En su canal cultivó el “documental amañado”, con periodistas blandiendo “documentos” que probaban corrupción, o mostrando crudas imágenes genéricas de operaciones de cadera para sostener que un político era muy viejo para el cargo. Las televisoras se volvieron contra él, que pasó a ser el chivo expiatorio favorito del Kremlin: lo acusaron de ser el “responsable del envenenamiento de su amigo Alexander Litvinenko, planear el asesinato del alcalde de Moscú, organizar el secuestro de un diputado de la Duma y financiar ataques terroristas chechenos”.  Póstumamente, el canal NTV difundió un documental sosteniendo que Berezovsky estaba harto de Occidente y quería regresar a Rusia, por lo que “obviamente el MI6 lo asesinó, pues podría revelar sus secretos”. Sorpresivamente, con su muerte “fue como si la vasta farsa de la política rusa se hubiera detenido de pronto y todos los actores voltearan hacia el público para aplaudir al actor ausente”.  Creyó todos los roles que desempeñó, entre los cuales estaba la “caricatura del capitalista cuando el concepto empezaba a transformarse en la imagen por defecto rusa del éxito. La única forma de capitalismo que Rusia podía inventar en los noventas era la distorsionada crítica soviética con la que había crecido: la propiedad, después de todo, es un robo”.

Fría lógica moral

The Atlantic, Robert Kaplan: la moral realista de Kissinger

Vanity Fair, Christopher Hitchens: Kissinger, desclasificado.

“La historia real no se encuentra en los hechos aborrecibles, proclamados sin contexto histórico o filosófico (el material de mucho periodismo investigativo)”, sostiene Robert Kaplan en su artículo laudatorio de Henri Kissinger para The Atlantic, sino que “está construida sobre la comparación constante con otras épocas y lugares del mundo”. Por lo tanto, el pesimismo realista de Kissinger habría sido moralmente superior al optimismo infundado. La estirpe del ex Secretario de Estado norteamericano habría sido la de los grandes políticos ingleses del siglo XIX, lord Castlereagh y Lord Palmerston, en su época ferozmente criticados por liberales radicales. El ethos del balance de poder que los habría impulsado, apuntaba a la preservación del status quo en tiempos inestables. Considerando las asunciones de la época de la Guerra Fría, la actuación de Kissinger podría considerarse bastante “moral”. En esa época, la combinación de terror de estado y pobreza auto-inducida hizo del mundo comunista una especie de prisión, contenida únicamente por el poderío norteamericano. También se pensaba que duraría indefinidamente. Los liberales norteamericanos criticaron la salida progresiva (y no inmediata) de Vietnam orquestada por Kissinger, los conservadores consideraron una capitulación aceptar la convivencia con chinos y rusos. Pero gracias a que logró mantener la posición de fuerza de EEUU, fue posible el acercamiento a China que al final llevaría al boom económico que aún se sostiene y que influyó positivamente  en otros países. Un caso similar sería, para Kaplan, el apoyo al golpe de estado contra Allende por parte de Pinochet en Chile. La “fría lógica moral” de Nixon y Kissinger prefirió cualquier régimen de derechas a cualquiera de izquierdas. “Tuvieron la razón”, sostiene Kaplan, “aunque tal vez a un costo intolerable”. Kaplan compara el episodio en Chile con la situación en Etiopía, y a su vez, en este mismo país, los efectos del cambio de política de EEUU al asumir la presidencia Jimmy Carter. Gerald Ford había apoyado a Mengistu, a pesar de ser el etíope un régimen de izquierdas. Cuando Carter retiró apoyo militar debido a las notorias violaciones de los derechos humanos, los soviéticos entraron al país, junto a la RDA y Cuba. La represión y las hambrunas (en buena medida usadas como arma política), provocaron la muerte de cientos de miles de personas. Kissinger contrajo muchos compromisos morales sucios, pero su ethos no habría sido amoral, como sostienen muchos. Más bien habría mostrado una forma ilustrada de estadismo.

No todo el mundo piensa lo mismo. Christopher Hitchens escribió en un artículo de Vanity Fair de 2006 que en una conversación telefónica de 1976 “Kissinger gespliega un pésimo temperamento. Acaba de enterarse de una queja presentada a los generales argentinos respecto a su lamentable hábito de hacer desaparecer a sus críticos”, y pregunta: “¿en qué forma es esto compatible con mi política?”. Le hace saber a su asistente: “quiero saber quién hizo esto y que se considere transferirlo”. Kissinger habría incluso apurado a los argentinos para “terminar su trabajo” más rápido: instado a  incrementar la producción de desaparecidos, según Hitchens, autor del libro: The Trial of Henry Kissinger.

El Paraíso en la Tierra

ProDaVinci, Armando Rojas Guardia: el laicismo de Jesús de Nazareth

The New York Review of Books, John Gray: ¿Marx, anticomunista?

En ProDaVinci, el poeta Armando Rojas Guardia afirma llevar “semanas sintiendo una profunda nostalgia” por el pensamiento ilustrado y la modernidad en Venezuela. La deificación que de Hugo Chávez ha tenido lugar desde el Poder en este país, contravendría una “conquista indispensable de la modernidad”: la total laicidad de los asuntos públicos. Pero no solo eso. La frase de Jesús de Nazareth: “Anden y aprendan lo que significa: quiero misericordia y no sacrificio” (Mt 9,13-12,7) habría sido una crítica demoledora contra la religión, que es culto y sacrificio, “para privilegiar, como alternativa antropológica, la solidaridad, la compasión y la fraternidad  humana”. Por lo tanto, a Dios no se llega por vía de lo sagrado, cuyo ámbito es el templo, sino por la profana vía “de la relación con el prójimo”: el proyecto de Jesús habría sido, contra lo que se supone corrientemente, profundamente secular y laico. Nuestra laicidad republicana sería en sí misma “uno de los pivotes de lo que el cristianismo proyecta para nosotros como antropología”, y el usufructo de la simbólica cristiana para crear el nuevo culto, atenta contra ella. La identificación de Chávez y Cristo, propiciada por el propio Chávez, es una idolatría. El fracaso de la Cruz contradice la imagen heroica de Jesús: no fue épico, y está envuelto en “los signos de un profundo espanto”, el del humano horror a la muerte. Nada menos cristiano que un caudillo: esto se expresa en la tercera tentación resistida por Jesús, que fue la del poder, “pero con esta característica crucial: la tentación del poder para hacer el bien”. Quienes pretenden construir la “civitas Dei” sobre la Tierra, pronto confunden el fin con los medios. De ahí que Rojas Guardia cite a Georg Steiner: “El Reino de Dios debe ser comprendido como el Reino del Hombre: esta es la teología de las utopías totalitarias”.

En The New York Review of Books, John Gray comenta el libro de Jonathan Sperber, Karl Marx, a Nineteenth-Century Life, y considera lograda la intención de presentar a Marx como un pensador de su tiempo. Las posiciones de Marx raras veces estaban determinadas por supuestos relativos al comunismo o al capitalismo, y con frecuencia respondieron a las contingencias de su época. “Fueron las animosidades y pasiones del siglo XIX, más que las colisiones ideológicas que nos son familiares de la Guerra Fría, las que dieron forma a la vida política de Marx”, escribe Gray. En ocasiones, tales contingencias lo llevaron a “extremos bizarros”. Abogó por la represión armada de un alzamiento de obreros comunistas, pues estas ideas podrían “derrotar nuestra inteligencia y conquistar nuestros sentimientos”. Apenas cinco años después lanzó el Manifiesto Comunista. Seis meses más tarde, declaró como un sinsentido la dictadura de una sola clase social (en un discurso que sucesivos editores marxistas rehusaron considerar como auténtico). Lo mismo dijo de la Comuna de París. “Marx, el anticomunista, es una figura poco familiar; pero sin duda hubo ocasiones en las que compartió la perspectiva de los liberales de su época y después, según la cual el comunismo…sería perjudicial para el progreso humano”.  Las ideas de Marx no habrían formado un sistema unificado. La explicación estaría parte en su accidentada vida, parte en el eclecticismo de sus fuentes. Notable fue la convivencia de su formación hegeliana con su adhesión -tomada del positivismo- por la ciencia. De ambos tomó la idea de que la historia “progresa” hacia estadios superiores. Y a pesar de su admiración por Darwin, no fue capaz de aceptar que la evolución carece de propósito (“como hiciera notar Darwin una vez” –escribe Gray-: “juzgadas desde su situación, las abejas son una mejora sobre los seres humanos”).                                                                                             A diferencia de muchos contemporáneos y sucesores, Marx entendió la tendencia inherente del capitalismo a revolucionar la sociedad.  Según Gray, ni la responsabilidad de sus ideas en los desastres del comunismo, como tampoco la noción de que entendiera como nadie aspectos importantes del capitalismo, puede ser despachada tan fácilmente como quisiera Sperber. Los abogados conservadores de la libertad de mercado creen falsamente que el liberalismo puede confinarse a la economía. Marx demostró que esto es falso. Pero no puede pretenderse que su pensamiento señale un camino de los predicamentos actuales. “En su distancia de cualquier condición existente o realistamente imaginable de la sociedad, “la idea comunista” resucitada por pensadores como Alain Badiou o Slavoj Zizek, se encuentra a la par con las fantasías de mercado revividas por la derecha”, escribe Gray. Estas teorías neo-Marxianas y neoliberales sólo sirven para ilustrar la pervivencia de ideas que prometen soluciones mágicas a conflictos humanos. La tumba de Marx reposa en Londres frente a la de Herbert Spencer, positivista defensor del laissez-faire (inventó la frase: “supervivencia del más apto”). “A pesar de todas sus diferencias intelectuales”, sostiene Sperber, “una yuxtaposición no del todo inapropiada”.

Cuando el Líder es Dios

No son las pompas fúnebres de “El Comandante Presidente” de Venezuela. Es Corea del Norte bajo la familia Kim, un especial de Noticias Cuatro que The Clinic subió a su página web. El documental (50 min.) acompaña el viaje de un grupo internacional, organizado por una asociación proselitista norcoreana presidida por un español.  Hay un incidente debido a un inglés detenido por haber dado una vuelta al hotel. Pregunta: “¿Por qué no podemos salir solos a dar un paseo por Pyongyang?” Respuesta: “Nonononono…eh…absolutamente…eeeh…es una pregunta…¿eh?… !tonta! Nosotros queremos evitar algún accidente posible. Queremos ofrecerles, garantizarlos, con toda la seguridad…¿eh?…personal de ustedes” (12:50 min). Vaya ofrecimiento imposible de rechazar.

La pregunta es tonta, como querer saber qué tipo de cáncer sufre un presidente en ejercicio; la respuesta recuerda el lenguaje de funcionarios o periodistas oficiales venezolanos, y de apologetas internacionales del bolivarianismo.

Del confusionismo al totalitarismo celestial

Emeequis, Ewald Scharfenberg: Chávez, el caudillo como inconsciente colectivo

Il Fatto Quotidiano, Massimo Cavallini: la momia que necesitaba la izquierda

Colectivo Wu Ming: el M5S y Beppe Grillo: peligroso populismo de derechas

En la revista Emeequis, Ewald Scharfenberg se pregunta si Hugo Chávez representó más bien el final de una era (o un salto hacia atrás) que el inicio de otra nueva. “Como una estrella que justo antes de morir alcanza su máximo resplandor, el bicentenario de la vida republicana de Venezuela produjo como recordatorio al megacaudillo”, escribe del hombre que habría exacerbado los rasgos más profundos del inconsciente colectivo venezolano, cual “sembrador de cizaña”, que utiliza las diferencias en provecho propio. Para quienes no entienden el poder de Chávez sobre las masas, Scharfenberg recuerda que C.G. Jung hizo notar “que quien no fuera alemán, encontraría ridículos los ademanes histriónicos de Hitler y sus consignas vindicatorias”. Thomas Mann también se sorprendió de que personalidades carismáticas “geniales” como Hitler, en apariencia ineptas, con “una herramienta toscamente histérica propia de comediante”, lleguen a transformar la “enfermedad anímica de una nación en vehículo de su grandeza”. El gris teniente coronel Hugo Chávez habría sentido la clarinada de la Historia en 1992, lanzándose a un golpe de Estado cruento. Fracasó, pero dio inició a su apoteosis.

Y el lugar de su fracaso, un antiguo cuartel de Caracas, sería propuesto como mausoleo para su cadáver embalsamado. Massimo Cavallini, veterano periodista del diario de izquierdas L’Unitá, fundado por Antonio Gramsci, tan citado por Chávez, expresa su malestar con el espectáculo de los fastos mortuorios, y escribe para Il Fatto Quotidiano, cuando propusieron la momificación y todavía no habían dado marcha atrás con la idea: “Y bien, sí, lo hicieron. Y lo hicieron, inevitablemente, con toda la macabra, ampulosa solemnidad que las circunstancias reclamaban”. Chávez sería presentado, igual que Cristo, como mártir y redentor. Lo de mártir, apunta Cavallini, es por la conspiración imperialista que -se asegura- estaría tras su enfermedad. Y al igual que en cualquier Fe, o se es parte del culto, sin reservas, o traidor a la Patria. Los custodios del legado de Chávez se aventuran a profundidades sólo holladas por la Corea de Kim Il Sung y sus herederos. El espectáculo, confiesa, le ha dejado sin palabras. “Otra momia más”, sostiene. “Justo lo que estaba necesitando la izquierda internacional”.

Podría decirse que Chávez sí representó el final de una era: destruyó la democracia liberal. Con el culto a su personalidad, construido anteriormente, pero inaugurado pomposamente con su muerte, deja al país listo para la nueva era: la dictadura totalitaria que teme Cavallini. Ese es su legado.

El colectivo literario Wu Ming explica en su blog (escrito en italiano, inglés y español), por qué el M5S del comediante Beppe Grillo es un peligroso populismo de derechas. En el extranjero mucha gente cree que el M5S agrupa grupos progresistas y radicales que protestan contra las políticas de austeridad. Varios serían, sin embargo, los puntos que según Wu Ming que hablan de otra cosa. En primer lugar, el movimiento ha establecido “el marco conceptual más poderoso en la Italia de hoy” con la idea de una “Casta” de políticos enfrentados al pueblo honesto: “deshagámonos de los políticos y todo estará en orden”. Pero la “Casta” son también los empleados públicos: con ellos hay que acabar también y echarlos a todos. Además, habría que eliminar a los sindicatos. La culpa de todo sería del capital internacional y del Euro, y esta afirmación estaría acompañada frecuentemente con frases antisemitas. El M5S tiene influencias del populismo conservador europeo, y del “anarco-capitalismo” de Ayn Rand y Ron Paul. Su estrategia es el “confusionismo”. “Grillo grita repetidamente”, sostienen, “que ya no hay Izquierda  ni Derecha”, disfrazando contenidos de derechas con jerga izquierdista. El ejemplo más claro sería el de “democracia directa”. En realidad, llevaría al Führerprinzip y al asesinato moral de la disidencia. El M5S es descrito con frecuencia como un culto, y comprado con la Cienciología. No pocos neofascistas y antiguos militantes de la Lega Nord se han sumado al movimiento. Los izquierdistas que le apoyan, aprueban el culto a la personalidad de Beppe Grillo como un mal necesario a ser desbancado una vez tomado el poder: “en la historia de los movimientos comunistas todo culto a la personalidad ha sido invariablemente descrito como “transicional””. Y así la izquierda termina del lado opuesto del espectro. “¿Cuándo sucedió esto por última vez?”, se preguntan los Wu Ming: “En los años veinte”. Con el auge del fascismo. Sin embargo, sería muy simplista calificar al M5S como fascista. El vídeo “Gaia”, pergeñado por el socio de Grillo, Gianroberto Casaleggio, merece un vistazo. “Creepy”, es el adjetivo que le endosa Wu Ming.

Paranoia y despolitización en la Venezuela bolivariana

Venezuelan Politics and Human Rights, Carolina Acosta-Alzuru: paisaje mediático en la Venezuela polarizada

El Mundo Economía y Negocios, Lisseth Boon: el gobierno tiene más medios, pero no más audiencia.

Venezuelan Politics and Human Rights, David Smilde: teorías conspirativas y despolitización

Carolina Acosta-Alzuru sostiene en el blog Venezuelan Politics and Human Rights, que en su investigación de las telenovelas venezolanas, encontró que en muchos casos la autocensura era incluso más severa que la propia ley de contenidos conocida como Resorte. Junto a la obediencia estricta (retiro de cualquier contenido que moleste al gobierno) son las estrategias primordiales de supervivencia. Los patrones de propiedad en la televisión (medios del Estado-medios privados), e incluso su cobertura (un 8%-10% de rating para los canales del Estado) no dan cuenta de la historia completa: “asumir que los medios privados sean de oposición o que dan espacio a la disidencia es simplemente errado”. El canal opositor Globovisión tiene apenas un 4,5%-6% de rating, y  “si bien Globovisión proporciona temas de conversación para antichavistas no le llega a muchos de aquellos venezolanos que la oposición quisiera convencer de una alternativa al chavismo…”

Los publicistas de la revolución bolivariana repiten siempre que en Venezuela hay libertad de expresión porque 95% de los medios están en manos privadas y son todos furibundos opositores.

Según el gobierno venezolano hay que diversificar las voces que se manifiestan en el espectro radioeléctrico. Lisseth Boon escribe en El Mundo Economía y Negocios que “el mapa de la propiedad de los medios de comunicación social viene cambiando desde que el Gobierno bolivariano decidió tomar mayor espacio en el espectro radioeléctrico venezolano, en su empeño por “romper la dictadura mediática” de las empresas privadas”. Con el cierre de la emisora con mayor rating (RCTV) y el lanzamiento del Sistema Nacional de Medios Públicos el panorama ha cambiado: 55% de canales privados, 12% de canales públicos y 33% de estaciones llamadas comunitarias (identificadas con el gobierno, o mejor, con la revolución).

Los dos principales canales privados, con un 40%-45% de share no transmiten contenido crítico. Globovisión va a ser comprado por inversionistas afines al gobierno.

Otra aseveración que se escucha del lado oficialista, es que si los medios de oposición desinforman hay que contraatacar con contrainformación. En la práctica, se establece la regla: “si ellos dicen una cosa, nosotros diremos lo contrario”. Pero producir dos visiones encontradas no produce la verdad. En el mismo blog Venezuelan Politics and Human Rights, David Smilde habla de teorías conspirativas y despolitización en Venezuela. Coloca como ejemplos, el rumor -dado como un hecho por los oficialistas- de que a Hugo Chávez le “inocularon” cáncer, mientras que por el lado opositor Henrique Capriles sostiene que tras la enfermedad y fallecimiento del Presidente se esconde un arreglo fríamente manejado. Cita otros ejemplos. Las teorías conspirativas mineralizan a la base y cierran el debate, frente a un enemigo percibido como maligno. Por lo tanto galvanizan y despolitizan al mismo tiempo. E impiden encontrar soluciones políticas y negociadas. Pero, lo más grave, soslayan temas cruciales y de verdadera importancia para la sociedad.

Del formato abierto al algoritmo secreto

The New Yorker, Joshua Rothman: Google Reader, parte de otra era

Inessential, Brent Simmons: La salida de Google Reader traerá innovación

Buzzfeed: ¿Google Reader o Google+?

Brian Shih: las contradicciones en Google y su Reader

The Monday Note, Frédérick Filloux: el algoritmo secreto de Google News

The Verge, Ellis Hamburger: opciones de lectores RSS

En The New Yorker, Joshua Rothman lamenta la pronta desaparición de Google Reader anunciada para el 1ro de Julio. Como quien relee cartas antiguas de una gaveta, o agendas pasadas sin saber si botarlas, Rothman revisita sus carpetas en la aplicación, (“fue hecha para lectores absurdamente ambiciosos”), y descubre que a través de la administración de sus RSS se había descrito a sí mismo. Hoy, encuentra a Twitter de mayor utilidad. Pero se parece más a entrar a un club, mientras que el Reader es como ir poniendo libros en la biblioteca.

Todo lo contrario: adorar el protocolo RSS y Google Reader por sobre Twitter, pero celebrar su desaparición, es lo que expresa el programador Brent Simmons en su blog Inessential. Sin el protocolo RSS “todo lo que tendríamos serían imágenes de gatos y desayunos”, incluso quienes no lo usan se benefician indirectamente de él. Fuera de Twitter y Facebook, casi todo lo que se publica en la Web está disponible via RSS. Los formatos son estables, simples, nadie los puede cancelar: “Esto es elegancia. Se deriva del diseño del internet y la red y sus multiples estándares abiertos, diseñados de forma que ninguna entidad pueda controlarlos”. Es antimonopólico, y por lo tanto pro-capitalista. La predominancia de Google Reader es comparable a la de la desaparecida Unión Soviética, y por eso no hubo innovación durante años. Al caer el muro del Reader, habrá competencia de nuevo. Serán tiempos duros, pero divertidos.

Buzzfeed presenta una simple gráfica en la cual se ve a las claras que Google Reader reenvía infinitamente más tráfico que Google+. Por otro lado, 500 mil cuenta migraron de Google Reader a Feedly.

Brian Shih, quien formó parte del equipo de Google Reader, sostiene haber estado sorprendido de que una compañía cuya misión es “organizar la información del mundo y hacerla universalmente útil y accesible”, no le haya dedicado más atención al Reader. Cita a Mike Elgan, en Computerworld: “Lo que temen los fans de Google Reader y RSS no es la pérdida de un buen servicio y un gran formato. Temen la pérdida de control. Le temen a un futuro en el cual las decisiones sobre lo que ven, leen, escuchan estén determinadas por algoritmos secretos y los caprichos de la masa en los medios sociales”.

En The Monday Note, Frédérick Filloux informa los parámetros del algoritmo secreto de Google News. El servicio escanea 50 mil fuentes, 72 ediciones en 30 idiomas. El blog corporativo afirma reenviar 1000 millones de usuarios semanales a contenidos noticiosos, mientras que el NYT o el Huffington Post reciben unos 40 millones de visitantes únicos por mes. Google tuvo que renovar la patente recientemente, y Computerworld publicó la solicitud. Los criterios revelan que “Google intenta favorecer los medios tradicionales (prensa, radio y TV)” por sobre medios digitales puros. La razón sería que los tradicionales tenderían menos a trampear al algoritmo. Entre los criterios de preferencia (13) que enumera Filloux: volumen de producción, artículos largos (malas noticias para agregadores copypasters cuyo modelo es el Huffington Post), cobertura de las noticias, tamaño de la redacción, prestigio del medio. Criterios que relativizan los prejuicios de algunos medios tradicionales.

Para exportar los Feeds de Google Reader hay que ir a Google Takeout. Como alternativas se menciona a Feedly, Reeder, The Old Reader, entre muchos otros. Digg quiere desarrollar un clon.

En The Verge, Ellis Hamburger reseña un par de opciones

Addendum

El Nacional, Simón Alberto Consalvi: Hugo Chávez Frías

Ha muerto Simón Alberto Consalvi, periodista y político venezolano, a los 85 años.  Formó parte de quienes conquistaron la democracia para el país. Y por lo tanto, de la clase política que ciudadanos impolutos, empresarios, familias conservadoras, algunos izquierdistas, algunos otros militares, y periodistas superficiales, despreciaron hasta que lograron derribarla. Su último artículo fue dedicado al recién fallecido Hugo Chávez, de quien sostiene que “desde joven sucumbió a la ambición de poder, y desde joven conspiró para conquistarlo”. El fracaso de su golpe de Estado militar fue su triunfo. El Chávez golpista dio paso al hombre que recorrió el país para ganar elecciones: “Hugo Chávez descubrió a Hugo Chávez. A partir de entonces las masas populares tuvieron un caudillo”. Una vez electo “dibujó el Estado a su imagen y semejanza”.  Consalvi no encuentra palabras muy halagadores para los pares de Chávez en Suramérica, ni para el Sistema Interamericano: a veces parecía un caballero solitario con el apoyo hipócrita de sus colegas, la integración naufraga en las rivalidades del Sur, y el sistema regional es sepultado en silencio y complicidad.  A pesar de todo Consalvi encuentra estas palabras para Chávez: ” Su legado perdurará porque tuvo el privilegio de convertirse en el gran profeta del pueblo”. Y: “La historia venezolana no registró antes un drama como el suyo”. Nobleza obliga. Esta entrada no puede sino tener un solo tag.

Divididos

Página 12, Luis Bruschtein: la izquierda teórica y las irrupciones populares.

Página 12, Santiago O’Donnell: el gobierno venezolano impone un modelo cesarista.

ProDaVinci, Gisela Kozak: la pobreza como justificación

El Díscolo, Hugo Prieto: el informe Hospedales, diagnóstico de país.

Algo se mueve en Página 12. Luis Bruschtein lamenta que para “amplios sectores de la izquierda y el progresismo” Hugo Chávez haya sido una figura problemática, al punto de negarle el apoyo, o hacerlo tardíamente. Antes que participar en lo que llama “el proceso de democratización e inclusión más fenomenal de la historia venezolana”, habrían preferido convertirse en el ala izquierda de la derecha, pero de la peor de todas las derechas porque estaría manejada desde Miami. Para la socialdemocracia, Chávez fue un populista y un autoritario, pero el progresismo debería entender y abrazar las “irrupciones” populares y no cerrarse a ellas porque no coincidan con sus teorías. El argumento asemeja al de los desesperados intelectuales de izquierda argentinos de los 70, ante la incomprensión en el extranjero por su filiación peronista. En cambio, Santiago O’Donnell sostiene que en relación a la enfermedad y muerte de Chávez se ha ocultado la verdad, e irrespetado a sus seguidores. El presidente venezolano estaba demasiado enfermo para gobernar, y “cuando un gobierno oculta información básica, si somos honestos, creo, vamos a sospechar”. O´Donnell lanza una retahíla de problemas muy graves: patotas armadas, amistad con dictadores, corrupción, delincuencia, enfrentamiento con ONGs de derechos humanos, una Corte Suprema de mayoría automática…El colmo habría sido, sin embargo, cuando el vicepresidente encargado Nicolás Maduro sostuvo que el líder bolivariano fue “inoculado” con cáncer…apenas un par de horas antes de anunciar su muerte. “¿No es jugar con los sentimientos de la gente?”, pregunta, para afirmar: “el gobierno venezolano está manipulando la Carta Magna chavista para afianzar el liderazgo de Maduro en defensa del modelo carismático cesarista plebiscitario que moldeó el comandante”.

En Prodavinci, Gisela Kozak relata que sus colegas extranjeros le informan que Chávez era necesario para acabar con las élites corruptas y la miseria. Los horrores del comunismo, amparado en sus nobles ideales, “siempre se justifican frente a los del supremacismo racial nazi: en nombre de los pobres, todo pecado es venial”. Ahora “la izquierda autoritaria mundial” se legitima con un gobierno electo. El teórico argentino Ernesto Laclau, habría proclamado que la oposición debe plegarse a las reglas del juego propiciadas por el líder. Pero en Venezuela, “la identidad patria es chavista”, los opositores serían el no-pueblo. “¿Se puede ser oposición legítima, desde el punto de vista de la supremacía moral que exhibe el chavismo,  para un gobierno que llama al cuarenta y cinco por ciento de la población “apátridas”, pitiyanquis”, “vasallos del imperio”, “racistas”, “ladrones”, “golpistas”, “hijos de extranjeros”, “enemigos del pueblo” y que calificó al candidato Henrique Capriles Radonski de judío-maricón-cerdo-majunche?”, pregunta Kozak. La herencia es “una población divida por el odio y la intolerancia”. Kozak no lo articula, pero está describiendo el ambiente que reinó…bajo el nazismo, con la demonización de los judíos, pero sin políticas de exterminio y en tiempos de corrección política. “En nombre de los pobres, que viva Chávez”, escribe, la emoción que causa taparía sus mentiras e ineficacias. Y al final, a pesar del nacionalismo extremo, el gobierno revolucionario dependería como ninguno anterior de EEUU y del petróleo que le vende.

En su blog El Díscolo, Hugo Prieto da cuenta del llamado informe Hospedales elaborado por la oposición venezolana. Lo considera una sincera comprensión de la realidad, una herramienta para superar la división de los venezolanos. Dicha división, según Prieto, ya existía antes de la aparición de Chávez, e insistir en que éste la ha profundizado sería “un premio de consolación para mentes estrechas y líderes sin carácter”. El informe destacaría que el chavismo, siendo un híbrido de elementos liberales y totalitarios, constituye un régimen estable que se organiza paraconstitucionalmente para retener el poder. En estos años ha logrado generar una cultura política y una identidad de venezolanidad, y a través del mecanismo electoral se puede consolidar como mayoría. Es un aparato corporativo y una red social que la oposición necesita conocer y comprender. Para Prieto, el informe es un primer paso de diagnóstico, acertado. Falta ver qué se hace ahora.