Los esclavos Góngora

The Paris Review. Frederic Tumen y Roberto Bolaño: perseguidos por Góngora                                                                                                                                            The Guardian. Zizek: la otra parte, esclavos.

En The Paris Review, Frederic Tuten entrega un homenaje-parodia a/de Roberto Bolaño, en el cual su alter ego literario es la parodia del alter ego literario de Bolaño. Tan sólo la ocurrencia del nombre de Octavio Rima, cruce del Ulises Lima de Bolaño con Octavio Paz, justifica la lectura. En pocas líneas, Tuten enfrenta a Quevedo con Góngora a través de pandilleros mellizos, en un inglés español mexicano que “juega con el lenguaje” a lo “río de palabras” latinoamericano, empapado en cine gore, Marco Ferreri (gore  intelectual), y por ende, claro, Bukowski, crónica policial y referencias literarias: Tuten es muy conocedor de la cultura latinoamericana, particularmente del Cinema Novo Brasilero, y fue co-guionista del polaco Andrzej Zulawski en el film “Posesión”, drama marital en el que la mujer (Isabelle Adjani) es tomada por una criatura monstruosa diseñada por Carlo Rambaldi.                                                                         Los párrafos son como este:                                                                                                     “We got into Lope de Luna’s parked car—a ’68 blue Chevy with faux-leopard-skin seats and souped-up engine—and sped off, Octavio and Leche de Amor and me, with the Gongora Brothers in such close pursuit I could read Vallejo’s poems in their headlights”.                                                                                                                    ¿Qué más quieren?

En The Guardian, Decca Aitkenhead habló con Slavoj Zizek, quien le confió que el 99% de la humanidad es idiota y aburrido. Aitkenhead no logra sacarle a Zizek más que unas cuantas provocaciones; encuentra su filosofía impenetrable, pero la resume en una joya de humor involuntario: “nada es nunca lo que aparenta ser, y la contradicción está imbricada en casi todo. La mayor parte de lo que tomamos por radical o subversivo, o simplemente ético, en realidad no cambia nada”.                                                                                                                               Zizek tiene fervorosos seguidores. O detractores que lo llaman “el Borat de la filosofía”. Con Aitkenhead, habla de su odio por los estudiantes que le tienen confianza a pesar de que les ladra, su desesperación ante lo abierto de los norteamericanos, que hablan de sexo con cualquier desconocido, y le cuenta a la periodista sus preferencias sexuales, sus miedos, sus tres divorcios, su hijo de doce años, al que no había querido tener, pero tal vez por eso mismo ahora quiere más, y confiesa su carácter romántico. En cuanto al mundo actual, las reformas bien intencionadas y consensuadas pudieran funcionar localmente, pero lo local pertenecería a la misma categoría de las manzanas orgánicas y el reciclaje: un paliativo para que la gente se sienta bien. La gran pregunta hoy sería cómo organizar la acción global, a un inmenso nivel internacional, sin caer en la dictadura totalitaria. Para Zizek, los tiempos son peligrosos. Fue con su hijo de vacaciones a Dubai, y vio el futuro: “en Dubai, sabes, la otra parte son literalmente esclavos”.

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